8 consejos para el verano

Miguel Gracia Martínez-Caro Soy profesor de Primaria y padre de dos hijos. Orientador familiar y experto en Nuevas Tecnologías aplicadas a la educación. Creador de contenidos digitales, formador en pizarras digitales y administrador de este blog. Siempre dispuesto a aprender algo nuevo y a conseguir que nuestra sociedad sea mejor.

1. Horario. Es muy importante que lo haya, que nuestros hijos sean conscientes de que existe pero sin caer en la obsesión por su cumplimiento a rajatabla. En verano los horarios están para no cumplirlos, pero tiene que haberlos.

2. Encargos. Nuestros hijos están deseando tener uno. Es cierto que muchas veces esa ilusión dura solo unos días, pero es importante que haya constancia en el cumplimiento del encargo. Deben ser encargos de responsabilidad para cada edad y deben ir cambiando a lo largo del verano. Que se sientan protagonistas y responsables realizándolos.

3. Lectura. Es de los mejores momentos del año para recoger lo que se ha sembrado a lo largo del curso. Tienen que leer todos los días y, si se puede, varias veces al día. Deben de ser lecturas recomendadas para su edad y para su nivel de lectura. Te pueden asesorar en las librerías infantiles y juveniles y en el colegio. Aprovechad -si los hijos muy pequeños lo permiten- a tener un momento del día de lectura en familia, donde todos cojan su libro, se apaguen los aparatos electrónicos y sea un rato solo de lectura. Es muy importante que los hijos vean a sus padres leyendo libros. Y si pueden ser de papel mejor!

4. Tareas de verano. Es muy probable que hayáis recibido alguna indicación por parte del colegio de vuestros hijos. Los niños tienen que hacer algo a lo largo del verano.  Si no, el comienzo de curso e incluso todo el primer trimestre puede costarles muchísimo. Venden multitud de cuadernillos que engloban varias asignaturas dentro del mismo. Eso te da un soporte para poder transportarlo con facilidad y para poder hacer una o dos páginas al día. No caer en que lo hagan todo las primeras semanas puesto que si no no servirá de nada.

5. Amistades. A lo largo de las vacaciones puede ocurrir que nos movamos a distintos puntos de veraneo. Llevas diez meses cuidando las amistades de tus hijos y de repente nos relajamos mucho con esto. No cometas el error de llegar al nuevo destino y dejarlos sueltos sin conocer a sus nuevos amigos y sin conocer también a sus padres. Que te cuenten lo que han hecho cuando estaban con ellos durante los días que estéis ahí.

6. Tono humano. Cuidad del tono humano a la hora de vestirte tú y tus hijos. Tienen que aprender a estar vestidos según el lugar en el que se encuentren. No es lo mismo estar en la playa que estar en un centro comercial, en un restaurante o en una iglesia. En la medida en la que os vean a vosotros bien vestidos, les podréis exigir más o menos.

7. Conversaciones. Reserva un rato del día para poder conversar con cada hijo. Es el momento de crear grandes vínculos y de ir construyendo poco a poco niveles de confianza. Que te vea como un apoyo y como una persona a la que poder recurrir cuando tenga algún problema. Que se sientan protagonistas en la conversación. Es su momento y debe de ser sagrado para vosotros y para ellos.

8. Rezar. A veces con el verano, nos relajamos con las distintas costumbres de piedad que nuestros hijos pueden haber ido practicando a lo largo del año, quedándose en algo que no es sólo responsabilidad de la parroquia o del colegio. Que no dejen de darle los buenos días a la Virgen, a mediodía y por las noches la oración u oraciones que se tenga por costumbre rezar. La misa de los domingos (o del sábado por la tarde) debe ser sagrada y ese día los planes que se vayan a hacer deben girar en torno a la misa para no quedarnos sin ella. Intentemos llegar al menos unos 20´antes a la iglesia. Así cogeremos sitio sentados en las primeras filas y podremos confesarnos si lo necesitamos y también podremos rezar un poco antes de la misa. Sugirámosles la posibilidad de confesarse cada semana o 15 días pero que nunca se sientan obligados ni presionados. Debemos guiarlos pero no obligarlos.

Que nuestro verano no se limite a ir tachando días del calendario mientras deseamos que vuelva el mes de septiembre para que nuestros hijos vuelvan al colegio. Aprovechemos al máximo el tiempo del que dispongamos para estar con ellos, hacer planes, descansar, reírnos,… Pero también debemos cuidar a nuestro cónyuge: tener momentos sólo para él o ella, hablar de cosas que no sean los hijos, pensar en el descanso del otro,…  En definitiva, pasar los días con lo mejor que nos ha podido regalar la vida: la familia.

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