El tiovivo de las emociones

Maju Matud Soy psicopedagoga y logopeda. Mi gran vocación es ser profesora en Educación Infantil, etapa en la que disfruto y aprendo, ya desde hace 20 años, en el colegio de Fomento Montealto.

 

¿Quién no se ha arrepentido de decir algo inapropiado o desmedido al enfadarse? ¿Quién no recuerda una sonrisa inesperada que nos ha reconfortado y estimulado? Si nos queremos ir al plano de la enseñanza-aprendizaje, podemos recordar cómo nos atraía más una asignatura u otra dependiendo del profesor y su entusiasmo por la misma, o los consejos que nos daba; si conectábamos con él o no. Pues todo esto tiene mucho que ver con las emociones y los sentimientos.

Las emociones, como ya sabemos gracias a grandes autores como Salovey y Mayer o Daniel Goleman, que popularizó el término con su best-seller “La inteligencia emocional”, juegan un papel fundamental en todo aprendizaje. Pero sobretodo,  nos facilitan una buena adaptación a nuestro entorno, nos ayudan a mantener unas buenas relaciones sociales y, lo que es aún mejor, ¡bienestar personal!

Las emociones nos capacitan para adaptarnos  mejor a la realidad. Para ello, debemos integrar tanto los aspectos cognitivos como emocionales de la inteligencia, porque la relación emoción y pensamiento van de la mano. 

Es curioso que, siendo conscientes del  papel que juegan las emociones, los niños, según los últimos estudios, muestran un mayor C.I. (Coeficiente Intelectual) comparado con generaciones anteriores pero, sin embargo, van aumentando los problemas de ansiedad, inseguridad, depresión, hiperactividad…

Muchas de las emociones se aprenden y se consolidan según las pautas de crianza en los primeros años de vida, en la relación que se da entre los niños y las figuras de autoridad.  Muchos  de nuestros comportamientos de adulto tienen su explicación en esas relaciones de nuestra infancia. La preferencia hacia unas determinadas emociones es lo que irá marcando la personalidad.  Por ejemplo, una actitud posesiva a la hora de relacionarse con los demás tiene que ver con un proteccionismo exagerado durante la infancia. Una baja autoestima se desarrolla con la ausencia de guía, pautas claras o un ambiente inseguro.

Fijaros por tanto, si es importante el conocimiento y manejo de las emociones y necesaria su atención para ayudar a crecer  de manera equilibrada y madura a nuestros hijos. Pero, ¿cómo se educan desde pequeños?

Vamos a poner orden y encuadrar  la inteligencia emocional en las 5 dimensiones  que la componen: 

1ª Dimensión: Reconocer las propias emociones. Esto supone ¡la piedra angular de la inteligencia emocional! Si queremos ser dueños de nuestra afectividad, a través de la observación y atención, descubriremos nuestros mecanismos de actuación. El pensar por qué nos sentimos animados o desanimados, nerviosos o controlando la situación …. nos ayudará a corregirnos cuando corresponda.

Truco: Dominar el lenguaje sobre emociones y sentimientos, vivir la virtud de la sinceridad con nosotros mismos y tener tiempo para cuidar nuestra interioridad.

2ª Dimensión: La capacidad de controlar las emociones y adecuarlas al momento y situación, es lo que llamamos autocontrol. Cada sentimiento positivo o negativo es completamente válido, lo que tenemos que aprender es a mantener el equilibrio. Para esto se requiere entrenamiento.

Truco: Hacerse tres preguntas clave: ¿Es adecuada la emoción a la situación? ¿Resulta conveniente su expresión en ese momento? Cómo el pensamiento es clave y el lenguaje lo puede condicionar, ¿Estoy utilizando el lenguaje adecuado ajustado a la realidad? ¡No vale personalizar ni poner intenciones en los otros! A nuestros hijos podemos irles habituando igualmente en este ejercicio. Si son muy pequeños hay que hacerles ver que hay una empatía. En vez de preguntar los por qué, preguntar los para qué: para qué  pegas, te enfadas, te pones demasiado triste…y hacerles ver ventajas y desventajas de sus sentimientos. Y hacerles ver cómo se sienten los demás.

3ª Dimensión: La capacidad de motivarse a uno mismo y saber demorar la gratificación. El dominio de los impulsos está estrechamente vinculado a la capacidad de motivarse por sí mismo, es decir, a realizar bien las cosas sin buscar un premio añadido.

Truco: Demorar las gratificaciones, ¡saber esperar!  Desarrollar virtudes como la templanza y la fortaleza y el cuidado de las cosas.

4ª Dimensión: Reconocimiento y empatía con las emociones ajenas. Esta dimensión pertenece a la faceta interpersonal  de la inteligencia emocional englobando dos aspectos claramente diferenciados: 

a) El reconocimiento de los sentimientos y emociones ajenas que se fundamentan en la escucha y comprensión de los sentimientos del otro.

b) La empatía es ser capaces de ponernos en su lugar y contagiarnos de las emociones que no son nuestras.

Truco: Estas dos cualidades se basan en la observación y en el lenguaje no verbal.

Con los niños, a través de las películas o cuentos se les puede ir enseñando.

5ª Dimensión: Control de las relaciones, habilidad para relacionarse adecuadamente con las emociones de las personas que nos rodean. Esta dimensión nos permite orientarnos  hacia el otro, no ser un mero observador sino hacer algo común con ellos.

Truco: Cuando los niños no han sabido manejar un conflicto, darles un modelo correcto y que lo realicen adecuadamente de nuevo, como los role-playing. Desarrollar hobbies, tiempo para jugar, tomar decisiones dentro de su capacidad. Darles responsabilidades.

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