El verdadero Carpe Diem

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Rafa Martín Aguado

Trabajo desde 1998 en el ámbito de la comunicación corporativa, pero en los últimos años me he especializado en comunicación online. Estudié Periodismo en la Universidad de Navarra e hice un Máster en Comunicación Política e Institucional en la Universidad Carlos III y ahora estoy finalizando el Megec (IESE-Facultad de Comunicación
de la Universidad de Navarra). Asesoro a organizaciones para que realicen una comunicación transformadora y escribo en
http://www.comunicacioncorporativa.org
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“No tengo vida para hacer cosas que no amo”

En ocasiones, profesores de institutos o de colegios me llaman asustados con sus alumnos, porque “están todo el día con el móvil” y “son incapaces de estar concentrados media hora”.

¿Cómo conseguir que los adolescentes despeguen la vista de su smartphone? Pienso que, a esa edad, la única manera de superar la adicción es conseguir que estén emocionados con algún objetivo, tanto o más “adictivo” que Clash of Clans… Difícil, ¿verdad?

Pues no tanto. Sé que es complicado, pero si una chica o un chico están perdiendo miserablemente el tiempo con los juegos o sucumben ante los cientos de WhatsApp que reciben a diario, es porque los adultos -padres y profesores- no les hemos ayudado a descubrir el “don” que cada uno de ellos ha recibido, y que les ayudará a desarrollarse en la vida.

En la sesión que imparto a los adolescentes les hago ver que el mundo ha cambiado y que las viejas reglas por las cuales tu estatus social limitaba tu crecimiento han caído. En mi opinión han surgido tres nuevas reglas:

1. Ahora se valora a las personas que aprenden compartiendo y que comparten lo que aprenden porque es la única manera de acceder a un mayor conocimiento y a personas que nos lo facilitan;

2. Para eso hay que esforzarse en comprender y empatizar con gente de muchos lugares y mentalidades diferentes a las suyas;

3. Y que la libertad que ahora poseen les facilita atesorar unas convicciones y defenderlas en cualquier foro.

Eso sí, para que la triada funcione, se necesita el engranaje del trabajo y esfuerzo.

En estos momentos las herramientas se multiplican y son accesibles -tanto por precio como por posibilidad de uso-. Ahí entra el mundo conectado, que multiplica y potencia sus cualidades. Visto con esta perspectiva, el panorama personal y social se clarifica: ¿para qué perder el tiempo?

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