Escandalizarse

Javier Jiménez

Javier Jiménez

Soy profesor en el colegio El Prado desde hace más de 20 años. He pasado por Primaria, Secundaria y Bachillerato, pero donde he estado más tiempo ha sido disfrutando de los adolescentes y sus ocurrencias en la ESO. Intento enseñar matemáticas. Soy economista, maestro y psicopedagogo.
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Los alumnos están integrados en la comunidad escolar, conviviendo con muchos compañeros y aprendiendo de lo que ven en ellos.
Viendo en los compañeros el respeto a los profesores y a las normas del colegio, ellos se sienten estimulados a exigirse. Viendo cómo los demás alumnos se sacrifican por obtener buenos resultados, ellos luchan por ser competitivos y superarse. Viendo cómo otros alumnos son generosos, respetuosos, valientes, fuertes y luchan por lo correcto, ellos se ilusionan con sacar lo mejor de sí mismos. Es el atractivo del buen ejemplo.
 
A veces llegan alumnos a sus casas relatando incidentes negativos de otros alumnos. Por ejemplo: un alumno haciendo una pintada, un alumno haciendo burla a un profesor, un alumno rompiendo el mobiliario del colegio, un alumno pegando a otro, un alumno copiando en varios exámenes, un alumno fumando, un alumno robando en el supermercado, un alumno escupiendo desde una ventana, un alumno tirando basura al suelo,  un alumno insolente con un profesor…
 
Son ejemplos muy negativos para la educación de los alumnos. A veces éstos se los cuentan a sus padres porque saben que así llamarán su atención. También pueden pensar que no les va a gustar y conseguirán reducir el prestigio del colegio si lo perciben como una fuente de exigencia molesta de la que protegerse. Incluso pueden buscar que los padres se disgusten o enfrenten con el colegio: en esa situación se sentirán menos comprometidos con aceptar la exigencia que les plantean los profesores.
 
Siempre habrá malos ejemplos. Los padres no podemos enojarnos y quedarnos en reprochar, desaprobar, criticar o condenar, y además difundir entre los demás esos errores.
 
Educar es mostrar la salida correcta a las crisis, señalando de manera imperturbable qué está mal y por qué. Además, es preferible animar a nuestros hijos a que cuenten los hechos negativos, con discreción, a un profesor en el colegio, o bien contarlos nosotros mismos, para mostrarles que no actuamos por enfado egoísta sino para buscar el bien de los que lo han hecho mal y de toda la comunidad escolar: el colegio. Reforzamos el afán de ayudar al colegio. Fomentamos la comprensión, no la difamación; la paciencia, no la represalia; la educación, no el desprestigio; la unidad, no el individualismo; la lealtad, no la traición.
 
Lo correcto es que los padres informemos de todo lo negativo a los profesores. De todo. Cuanto antes. Eso es confiar en ellos para ayudar a todos. Esconder hechos negativos a los profesores sólo sirve para deteriorar el ambiente escolar. Esconder hechos negativos no es ayudar. Contarlo todo con confianza: si no confías en los profesores es mejor que busques otro colegio en el que sí confíes. No puedes educar a tus hijos en un ambientede desconfianza.
 
Padres y profesores tenemos que trabajar juntos, apoyándonos mutuamente para combatir el mal ejemplo. Para ello necesitamos apoyarnos en un valor clave: LA CONFIANZA.

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