La música y los niños

Cristina Pineda Trill

Cristina Pineda Trill

Me crié en un hogar bilingüe; a caballo entre EEUU y España aunque con influencias culturales, culinarias, literarias y musicales de otros países. Soy licenciada en Comunicación y tengo un máster en Dirección de Comunicación Corporativa. Trabajé 20 años en empresas relacionadas con la comunicación y la identidad corporativa. 2009 me condujo hacia la enseñanza. Me preparé para ser maestra de lengua extranjera y desde entonces doy clases de inglés en educación infantil en el Colegio de Fomento Montealto
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Me sugieren que escriba sobre “la música y los niños”.  Comenzaré mi exposición dejando claro que pese a carecer de estudios de Música, ejerzo de melómana de nacimiento. De ahí que además de disfrutar de la música, siga con interés el debate sobre la importancia de la enseñanza musical en el currículum de los niños y jóvenes.

Dos firmes defensores de las artes y su influencia en la creatividad son Sir Ken Robinson (educador, escritor y conferenciante británico) e Iñigo Pírfano (Filósofo, director de orquesta, compositor, escritor y conferenciante español).  Robinson aboga por una educación en la cual “las artes” tengan una mayor peso. Para él la educación no es un “proceso lineal de preparación del futuro: se trata de cultivar los talentos y sensibilidades mediante los cuales podamos vivir más plenamente el futuro y crear el futuro por nosotros mismos” (Out of our minds. Learning to be Creative. Capstone). En otro de sus libros –El elemento– describe que encontrar y desarrollar nuestras fortalezas creativas es parte esencial del proceso de llegar a ser quienes estamos llamados a ser. “No sabemos quién podemos ser hasta no conocer aquello que podemos hacer”.

Pírfano, por su parte, sostiene que la música tiene poder purificador y transformador. Y que “constituye una auténtica vía de conocimiento, cuya virtud radica en que puede hacer que cada persona dé lo mejor de sí.”  (Inteligencia musical. Plataforma Editorial).  Su exposición de la orquesta y el papel del director es maravillosa; haciendo hincapié en la necesidad del estudio y trabajo continuos  además del constante ejercicio de una humildad sincera. Aporta en definitiva, ideas aplicables a las relaciones interpersonales, al desarrollo de facetas espirituales y de la propia riqueza interior.

¿Y qué sacan de todo ello mis alumnos? Honradamente, no lo sé. Tal vez con cinco y seis años sean demasiado pequeños. De ahí que se sorprendan cuando al preguntarme si deben colear así o asá yo les responda que hagan como quieran pues son ellos los artistas.  O que disfruten haciendo música con diferentes partes de su cuerpo mientras entonamos las rimas y canciones que aprendemos. De forma inconsciente ya van conociendo diferentes géneros musicales y estilos. Sé a quienes les va el rock y quienes, por el contrario, son más melódicos. Van despuntando los guitarristas y algún que otro percusionista además de las violinistas y pianistas.

Que la música no quede reducida a una actividad extraescolar que disfrutan (o practican porque no les queda otra..) el grupo de los elegidos.  La música es la banda sonora de nuestras vidas. Con ella disfrutamos el doble y nos desahogamos a conciencia; ayuda a los tímidos a expresar sus sentimientos y su creatividad;  y tantos beneficios más. Por no hablar de los comportamientos que la práctica de la música convierte en hábitos que en algunos son auténticas virtudes: la constancia, la humildad, la paciencia, el saber escuchar a los demás.

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