Los tres pilares básicos del aprendizaje

Andrés González Fernández Soy maestro, especialista en filología inglesa, pedagogo y orientador. En los últimos años he ampliado mi formación en el campo de la logopedia, la visión, la dislexia, el TDAH y otros tipos de dificultades en el aprendizaje, así como en la intervención de dichas dificultades.He participado como ponente en varias charlas impartidas por especialistas sobre el TDAH en la Universidad Complutense, en los hospitales universitarios de Alcorcón y Getafe, y también he escrito diversas publicaciones.Mi principal trabajo lo llevo desarrollando más de treinta años como docente en el Colegio de Fomento El Prado.

La visión, la audición y el desarrollo psicomotor constituyen la base para adquirir un pleno desarrollo de las áreas cognitivas y del lenguaje, de la capacidad de mantener la atención, etc. necesarias para poder realizar todas las tareas escolares.

Cuando tratamos de descubrir posibles dificultades de aprendizaje que puedan estar afectando a nuestros hijos y alumnos, previamente debemos tener presentes estas tres áreas, para comprobar que ninguna se pueda encontrar afectada.

Visión:

Todos los niños pasan por pruebas de agudeza visual por parte del pediatra u oftalmólogo, quienes se ocupan de mirar que el ojo está sano y la agudeza visual es buena. Pero tras esta evaluación, es necesario ver cómo utiliza el niño los dos ojos de forma conjunta, si es capaz de realizar los movimientos oculares necesarios para leer y escribir y si su cerebro interpreta bien la información.

Señales que indican la existencia de un problema de visión:

  • Dolor de cabeza.
  • Escozor de ojos, lagrimeo. Parpadea excesivamente. Ojos rojos, se los frota.
  • Fatiga ocular al final del día. Pupilas pequeñas.
  • Se acerca mucho a la tarea.
  • Visión borrosa a lo lejos y/o de cerca.
  • Ritmo lector lento. Pierde la línea durante la lectura.
  • Mueve la cabeza en la lectura o realiza movimientos asociados de boca.
  • Relee palabras o líneas.
  • Bajo rendimiento. Incapacidad de trabajar durante tiempos prolongados.
  • Problemas de atención y concentración.
  • Cierra un ojo o se lo tapa.
  • Gira o inclina la cabeza.
  • Dificultad para recordar el orden de una historia que ha leído.

Audición:

El otorrinolaringólogo o el pediatra miden si el niño “oye” o no, pero también es importante considerar distorsiones a la hora de escuchar. Es importante valorar si el niño percibe bien todas las frecuencias para poder hablar, leer y escribir con comodidad, ya que es esencial para poder prestar atención en el colegio, puesto que estas dificultades pueden afectar seriamente no sólo a la atención sino también al comportamiento.

Señales que indican la existencia de un problema auditivo:

  • Retraso para aprender a hablar.
  • Vocabulario limitado.
  • Dificultad para seguir instrucciones orales, comprender bromas, etc.
  • Repetir constantemente: “¿Qué?”
  • Hipersensibilidad a los ruidos. Problemas de atención.
  • Necesidad de recibir las órdenes de una en una. Hasta que lo entiende y termina de ejecutar una orden no puede pensar o recordar la siguiente a realizar.

Desarrollo motor:

El nivel de desarrollo motor indica la madurez general del cerebro del niño, determinando directamente sus habilidades en todos los campos. Por ello hay que evaluar si es correcto o si han quedado lagunas en el mismo que debamos trabajar.

Señales que indican la existencia de un problema de psicomotricidad:

  • Mala pinza digital, mal agarre del lápiz, tensión.
  • Mala escritura, pintura y dibujo.
  • Se cansa rápido de escribir.
  • Mejor respuesta en pruebas orales que escritas.
  • Malo en deportes y juegos de pelota.
  • Torpe, se cae fácilmente o se tropieza con las cosas.
  • Mal equilibrio estático y/o dinámico.
  • Mala postura corporal sentado y/o de pie.
  • Movimientos toscos y descontrolados.
  • Confusión derecha e izquierda.
  • Velocidad de procesamiento lenta.
  • Desorganización.

¿Cuándo acudir a un especialista?

Aunque nunca es tarde, sí es cierto que cuanto más se tarde en iniciar el tratamiento con el especialista, mayor será el tiempo que se precise para mejorar sus capacidades.

El primer paso es una evaluación completa para entender por qué no “aprende” el niño. Al tener un diagnóstico claro, se puede hacer una remediación que le ayude a compensar sus dificultades. Solucionar un problema es un proceso y como tal lleva tiempo e implica paciencia. Creer en el niño y en sus talentos va a ser esencial.

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