Sabes por qué soy fuerte

Belén Arsuaga La Porte Soy profesora de Educación Infantil, diplomada en Magisterio y licenciada en Pedagogía por la Universidad Complutense de Madrid. Trabajo en el colegio Montealto y disfruto cada día, desde hace años, con este público tan agradecido.

 

Está muy en auge que los padres quieran que sus hijos pequeños sepan muchas cosas, aprendan idiomas, asistan a clases de disciplinas variadas… Todo eso, ciertamente, es bueno, y, está bien, muy bien. Sin embargo, resulta complicado encontrar el equilibrio entre este afán y la respuesta de esos mismos padres ante preguntas del tipo: ¿Qué quieres para tus hijos en la vida?, ¿Cuál es tu meta con ellos? (Respuesta: que sea feliz, que sea una buena persona, alguien de provecho).

Comprobamos, cada vez con mayor frecuencia, que los niños no saben vencer pequeñas frustraciones (como que no les inviten a un cumple, que no les repartan a ellos los primeros, que su dibujo no haya quedado como ellos querían, que no hay un plan especial para la tarde del sábado o que pretendan que les contestes y les atiendas ¡ya! );  simplemente porque nunca se han enfrentado a ellas.

El afán de protección (a menudo sobreprotección) conduce a buscar soluciones alternativas: “no te preocupes, porque en vez de ir a ese cumple, vamos a hacer un plan mucho mejor”.  O a adelantarse respondiendo a cuestiones que ni siquiera eran problemáticas para ellos: le voy a poner pantalón largo para que no pase frío; o me voy a llevar el carrito por si acaso se cansa en el paseo…

Estas situaciones pueden sonar a tópicos o exageraciones; sin embargo, un niño que no aprende que las cosas deben hacerse aunque a veces no apetezcan; que no todo sale siempre a la primera, pero se intenta; que llorar un poquito no hace mal a nadie, y, que esperar algo más de 20 segundos a que me den lo que he pedido es estupendo; no llegará a ser esa persona feliz que deseamos que sea.  No se hará fuerte. No crecerá o por lo menos no tanto como cabría esperar, porque le enfadarán la adversidad y las contrariedades. Se hundirá ante un fracaso por su poca seguridad en sí mismo. Los retos se le solucionaron antes de tiempo y no tuvo la oportunidad de comprobar su propia valía.

Ayudamos a que el día de mañana los niños sean personas de provecho felices, dejando que formen parte de sus vidas: el orden, la constancia, la fortaleza y el ESFUERZO, con mayúsculas,  hasta en las cosas pequeñas.

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