Seguimos educando en verano

Luis Eduardo Domingo Oslé Trabajo, desde hace algo más de treinta años, como docente y gestor en centros educativos. Me formé en la Universidad de Navarra. Estudié Ciencias de la Educación y mi maestro fue José Luis González-Simancas. Pienso que la educación parte de la ilusión, necesita del cariño y conlleva trabajo. Que es la manera de enseñar a dar lo mejor de uno mismo.

 

Hace unos años, una tarde de junio de esas que en las aulas hace un calor insoportable, cuando todos los alumnos se habían ido a sus casas y los profesores nos encontrábamos en el pasillo como pasando revista y comprobando que todos estábamos vivos, se unió a nuestro grupo un profesor sonriente y dijo nada más vernos: “Me da pena que se termine el curso”. Se hizo el silencio. Me encantó.

Era un profesor de esos que en verano no para; familiar, deportista, montañero, surfero, buen lector etc. Una máquina. Los alumnos le adoraban, y él les exigía como nadie. Era de esos que saben motivar; de los que motivan con su trabajo, con su cariño, yendo por delante, con su ejemplo y su ilusión. Con su ayuda incondicional. Yo creo en esa motivación, es más, la veo necesaria.

También he oído decir a padres de familia, una frase muy parecida, “me da pena que se termine el verano”. Pero ojo, se lo he oído decir, a familias de esas que trabajan ella y él fuera de casa, y ella y él en casa. Ves que te lo dicen con convicción, que detrás de la frase hay mucho contenido, que hay mucho trabajo.

Cuando las cosas van bien da pena que finalicen. Qué bueno es que nos “duela” a los profesores, que termine el curso y que nos “duela” a las familias que termine el verano.

El verano termina bien cuando empieza bien y cuando sabemos rectificar a tiempo… pero siempre es mejor que empiece bien. Pienso que esto ocurre así, cuando mantenemos, con los chicos, las mismas exigentes cotas educativas que hemos tenido durante el curso. Es verdad que los chicos en verano hacen otras cosas, pero la educación que queremos que reciban es la misma independientemente de la estación que les toque vivir. Nos toca saber adecuar nuestra educación a las actividades que ahora hacen.

Les educamos, con gusto y con esfuerzo, no porque busquemos que no nos den problemas y así conseguir una vida familiar más cómoda, más pacífica, más fácil, sino porque sabemos que necesitan de nuestra ayuda, de nuestra educación. Queremos que adquieran esas cualidades, o esas virtudes humanas (solidaridad, fortaleza, orden, respeto, trabajo, educación, sobriedad, etc.) para poder plantearse la vida desde la felicidad.

Como todo trabajo, y el de educar en verano lo es y grande, necesita de concreción de objetivos y medios. Esto significa que necesitamos un poquito de tiempo que nos facilite el pensarlos. Quizás sea bueno, esta tarde, acompañado de un refresco y mientras escuchas el ruido del agua de la piscina, pararse y escribirlos. Seguro que los objetivos son muy buenos porque estarán consensuados y escritos desde el cariño.

Nunca dejamos de educar y el verano es un momento maravilloso para continuar con la tarea que, sabemos, tanto necesitan y tanto nos van a agradecer. También es verdad que, algunas veces, no podemos más y nos dan ganas de tirar la toalla… Pero este verano no vamos a querer que se termine. ¡Feliz verano familiar!

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