Verdaderos padres, forjadores de hombres

Alejandro Álvarez Serrano Llevo más de diez años dedicándome profesionalmente a la educación y formación de jóvenes y adolescentes. Desde hace años dirijo una asociación juvenil en Madrid y asesoro a fundaciones, asociaciones y otras entidades educativas relacionadas con la promoción de los valores en la infancia, la juventud y la familia.

 

Estos días de agosto, en el leve descanso del fragor familiar que permite la hora tras la comida, he podido leer un artículo que recopila doce síntomas por los que no deberías ser padre (pincha aquí para leer el artículo). La enumeración se podría resumir en que, si no estás dispuesto a invertir tu dinero, tus horas de sueño, tu tiempo y, en definitiva, tu comodidad en la nueva criatura, mejor no te lances. Dudo de que para muchos sea un gran descubrimiento, pero no se le puede pedir mucho más a un artículo periodístico sin mayor pretensión que la de llenar un espacio en el desierto noticiero estival.

Ahora bien; más interesante sería un artículo que nos diese doce síntomas acerca de si somos buenos padres. Es evidente que el síntoma esencial de si mi trabajo como padre es bueno nos lo da el hecho de que el resultado sea bueno: y esto podemos traducirlo en que mi hijo, según su edad, destaque por sus virtudes. Su capacidad intelectual, su gracia natural, etc. nos enorgullecerán más o menos. Pero donde nosotros dejamos una marca y podemos ayudar a que se forje como persona, como hombre, es en el terreno de las virtudes.

Dice Meeker que es necesario un hombre para educar a otro hombre [M.Meeker, 100% Chicos, ed. Ciudadela, 2011, pág.145]. Y es cierto: el mejor modo de enseñar a un hijo a ser un hombre –de nuevo, en el sentido pleno de la palabra, no quedándonos meramente en el desarrollo físico- es con modelos virtuosos. Y esos modelos, cuanto más cercanos, mejor. Ahora bien; ¿les damos esa oportunidad? ¿Somos un padre en casa al que nuestros hijos puedan observar, imitar, tratar y, en definitiva, un modelo del que aprender? “La mejor manera de enseñar a nuestros hijos a ser hombres virtuosos es darles la oportunidad de que tengan ejemplos de conducta virtuosa, principalmente mediante la observación de su padre, viendo cómo trabaja y actúa una buena persona. Todos los muchachos necesitan un verdadero hombre a su lado al que admirar y copiar para poder convertirse en uno de ellos.” [Calvo Charro, M. Informe TFW 2015-1. La importancia de la figura paterna en la educación de los hijos: estabilidad familiar y desarrollo social. Pág. 15]

De tal manera, y pensando en el inicio de un nuevo curso académico, quizá nos ayude sacar algunos propósitos para trabajar en ellos, sobre todo si tenemos hijos con cierto uso de razón. Aquí enumeramos algunos; no son exhaustivos y, como todo lo genérico, es meramente referencial:

1.- Piensa qué defectos tienes y lucha por vencerlos. Parece una perogrullada, pero ¿te has hecho una lista con tus defectos y has apuntado algún remedio para superarlos?

2.- Ten algún momento o modo de descansar, diario y semanal. Puede parecer utópico, pero no lo es. Quizá te sirva la lectura de este pequeño libro para aprender dinámicas de descanso: Aprendiendo a vivir: el descanso. Sarrais, Fernando. Ed. Eunsa, 2011.

3.- Pide perdón cuando sea necesario. Déjales claro que te disculpas porque las formas han podido no ser correctas, y explícales el fondo de ese enfado. Este consejo tiene gran importancia en el caso de pre-adolescentes y adolescentes.

4.- Aprende a abrazar a tu hijo. Le ayudará mucho en su desarrollo afectivo y emocional.

5.- Dedícales tiempo; tener algunos modos de pasar el tiempo reservados al padre es un modo estupendo de forjar verdaderos hombres: ir al parque, montar en bici, jugar al tenis, etc.

3 comentarios en “Verdaderos padres, forjadores de hombres

  1. Enhorabuena al autor, x varias razones: se agradecen los consejos prácticos, la bibliografía recomendada para ampliar conocimientos y la redacción clara y elocuente.

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