Cómo explicamos… la carta a los Reyes Magos

Paloma de Cendra Soy esposa y madre de 4 hijos. Psicóloga y Terapeuta Individual, de Pareja y de Familia. Trabajo en la consulta con el Dr. Poveda, colaboro en un COF, soy Perito del Tribunal de la Rota, profesora en la UNIR y escribo artículos en Hacer Familia. También tengo un blog ¡Qué bello es vivir!, cuyo objetivo es recordarnos lo que somos alrededor de una idea sencilla y grande a la vez: ver lo que serían otros si nosotros no fuéramos. Es un canto de amor a la vida y a la esperanza. Mi vocación es la persona y sus relaciones, el matrimonio y la familia. Me apasiona mi trabajo, soy feliz con mi familia y con las familias que se ponen en mis manos. Vivo dando gracias

 

“Queridos Reyes Magos… Este año me he portado… Y me gustaría que me trajerais…”. Este suele ser el comienzo de la carta a los Reyes Magos de muchos de los niños que la escriben y preparan esperando el gran día.

En algunas ocasiones las cartas a los Reyes acaban siendo una larga lista de regalos. A veces no son más que eso, la lista de juegos y juguetes que los niños quieren. Los que han recibido por el bombardeo de anuncios y catálogos y que muestran como apetecibles y necesarias cosas que en realidad no lo son. El mensaje que algunos reciben es que si quieren ser felices, tienen que tener cosas.

Es bueno que, al pensar en la carta a los Reyes, nos planteemos hablar con nuestros hijos de lo realmente importante, de la historia de los Reyes Magos, del gran simbolismo que tiene cada una de las figuras, tanto los Reyes como sus regalos al Niño. De ese modo podrán entender mejor el sentido que tiene la fiesta de la Epifanía y podrán también valorar más el sentido de los regalos.

Podemos explicar a nuestros hijos lo que sucedió aquella noche:

“Los Reyes Magos fueron a adorar al Niño Jesús y la estrella les sirvió de guía, les hizo sentirse acompañados. La estrella es el Evangelio, la palabra del Señor, la luz que nos guía hacia Dios. Sin la escucha y meditación del Evangelio es difícil encontrarle.

Así que los Reyes Magos miraron a cielo, vieron una nueva estrella, interpretaron la señal y se pusieron en camino. Como en camino estamos todos nosotros. Pero para encontrar el camino tenemos que elevar la mirada al cielo. Consiste en avanzar con alegría, superando los obstáculos. La estrella es la que ilumina nuestra vida y tenemos que decidir cuál queremos que sea la nuestra, saber distinguir cuál nos lleva a Dios.

Los Reyes Magos encontraron al Niño, se postraron y le adoraron. Después le ofrecieron tres regalos (elegidos por lo que representa cada uno), le entregaron oro, incienso y mirra, que eran sus bienes más preciosos.    Melchor le llevó oro, que representaba su naturaleza real, Gaspar le llevó incienso, que representaba su naturaleza divina, y Baltasar le llevó mirra, que representaba su naturaleza humana y que hacía referencia a su muerte en la cruz. Pero el valor más grande de los Reyes Magos no fueron sus regalos sino su Fe”.

Si relatamos a nuestros hijos la historia de los Reyes Magos, su venida a casa tendrá otra dimensión. Podremos explicarles que, igual que ellos hicieron aquel viaje para adorar al Niño y entregarle regalos por ser Él la misma bondad, también se desvían del camino y entregan regalos a los niños que quieren ser como Él.

Con este marco, la redacción de la carta tiene otro enfoque. Si se trata de ser como el Niño Jesús y de recibir regalos de unos Reyes Magos y Sabios, será más fácil guiarles y educar su corazón.

Es recomendable que la carta les sirva para pensar cómo se han portado durante todo el año, que se han propuesto, qué han intentado, luchado y conseguido, y qué tienen que proponerse el nuevo año como “asignatura pendiente”. Que en la siguiente carta de Reyes noten que han avanzado y mejorado (sería bueno guardar las cartas). Tienen que aprovechar también para dar gracias por tantas y tantas cosas recibidas. Tienen que pensar qué han dado de ellos mismos, qué talentos han puesto al servicio de los demás. Tiene que servir a modo de reflexión, meditación y oración.

La carta también puede ser un medio para enseñarles a elegir y a tomar decisiones, a renunciar y a pensar en los otros. Una forma de que aprendan a compartir es animarles a que pidan regalos para familiares y amigos y a que sean capaces de pedir para los que tienen menos o los que no tienen nada. Esto les ayudará a crecer en generosidad y amor.

A la hora de elegir los regalos, los padres les tenemos que ayudar a pensar y saber qué es lo que realmente quieren y desean. No lo que les apetece o lo primero que se les pasa por la cabeza. Saber lo que quieren les ayudará a valorarlo más. Nuestra labor educativa consiste en guiarles, en invitarles a reflexionar. También tenemos que tener en cuenta la edad de nuestro hijo, su madurez, los valores y las virtudes que queremos trabajar con él, sus puntos débiles, sus gustos…

La lista de regalos no debe quedarse en los bienes materiales, es bueno que trascienda e incluya bienes espirituales (ser mejores cada día, que estemos unidos y contentos en la familia, que el abuelito se cure, etc). Los niños pueden pedir cosas para compartir momentos en familia o con los hermanos. Estas peticiones tienen mucho valor para ellos y tienen que tenerlo también para nosotros.

En este punto también podemos hablarles sobre la felicidad, sobre los deseos del corazón. Saber qué es lo que les hace felices, les ayudará a priorizar y a darle a las cosas el valor que tienen. Comprenderán que los regalos no es lo más importante de la carta.

Espero que, como los Reyes Magos, nuestros hijos estén siempre en movimiento, sabiendo elegir bien la estrella que les va a llevar a Cristo. Y que, en los momentos en los que no vean la estrella, no se desesperen ni abandonen el camino. Que mantengan siempre la misma ilusión y que en su casa se celebre todos los años la noche de Reyes.

Que la carta de Reyes termine con esta pregunta: ¿Qué le voy a regalar yo al Niño Jesús?

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