¿Qué educación quieres para tus hijos?

Maju Matud Soy psicopedagoga y logopeda. Mi gran vocación es ser profesora en Educación Infantil, etapa en la que disfruto y aprendo, ya desde hace 20 años, en el colegio de Fomento Montealto.

Ahora que es el momento en que muchas familias buscan el mejor colegio para sus hijos y que no paramos de escuchar en los medios todo tipo de ofertas y competencias educativas, se me viene a la cabeza un artículo que leí en la tercera de ABC, escrito por el catedrático Ignacio Sánchez Cámara, titulado: “El olvido del alma” (pincha aquí para leerlo entero) ¡No tiene desperdicio! Y concluía así:

“La preparación para la profesión es muy importante pero, más aún es la preparación para la vida. Y esta preparación consiste en el cuidado del alma. El olvido del alma es la destrucción de la educación. Una educación desalmada es una sociedad desalmada”.

¿Nos damos realmente cuenta del valor de educar y de lo que supone? ¿Que educar a nuestros hijos no es sólo la elección de un buen colegio?

Hay que recordar que la educación de ahora es el futuro de la sociedad del mañana. En una Europa en la que se tambalean los valores y un país en el que  nos encontramos con esta crisis social en la que empiezan a tener peso las posturas más intolerantes y tanta corrupción, es necesario volver a  recuperar el verdadero significado de la educación, su relevancia y el cuidado que merece.

Cuando amigos míos me preguntan en qué aspectos se tienen que fijar para elegir un buen colegio, ponen cara de asombro cuando les digo que primero hay que tener claro qué clase de persona quieren que sean sus hijos, y entonces, a partir de ahí, buscar el que mejor se ajuste a su ideal. Ellos me confiesan que estaban centrados en otros aspectos tanto académicos (los idiomas, las nuevas metodologías…), como logísticos (la cercanía, las instalaciones…).

Sánchez Cámara nos recuerda en su artículo que, “educar consiste en proponer un camino, acompañar, conducir. Eso significa una idea clara del hombre que se quiere forjar”. Es decir, educar no es simplemente darle unos conocimientos y herramientas para su vida profesional y social, sino que hay que educar para desarrollar a la persona en su totalidad, teniendo muy claro para qué estamos en esta vida.  Hay que educar para la vida humana y para la vida divina. No se puede utilizar la educación como un medio para obtener poder o como simple objeto de consumo, sino que la educación tiene que ser un fin en sí mismo.

Todos tenemos ganas de buscar la Verdad, el Amor;  deseos de eternidad y esto, ¡es el alma! Por lo tanto, la verdadera educación no puede excluir lo trascendente. Nuestra religiosidad, forma parte de la esencia de la persona.

Sánchez Cámara evoca a los grandes pensadores: “la filosofía consiste para Platón también en una asimilación a lo divino, en un proceso de perfeccionamiento que nos acerque a la  Divinidad. Entonces toda verdadera educación es religiosa”.

Educar, educamos todos: familia, colegio, y sociedad. Como la sociedad es el reflejo de lo que somos cada uno, tanto familia como colegio, pues ¡manos  a la obra! Solamente  viviendo con coherencia seremos un gran equipo.

Recomiendo la lectura del artículo íntegro. Puedes descargártelo pinchando en el título: “El olvido del alma”, Ignacio Sánchez Cámara. Catedrático de Filosofía del Derecho.

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